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A domicilio
Guía del equipo de pedi2Publicada el 30 de agosto de 2026
Un pedido a domicilio necesita cuatro datos que uno de recogida no pide: la dirección completa, la comprobación de que entra en la zona de reparto, el coste del envío y una hora que cuente también el trayecto. Los cuatro tienen que quedar confirmados dentro de la conversación, antes de que el pedido se ponga en marcha. Que falte uno no se nota al tomarlo: se nota cuarenta minutos después, con el repartidor dando vueltas o el cliente discutiendo el importe en la puerta.
Un pedido para recoger que se toma mal se arregla en el mostrador, con el cliente delante y algo de incomodidad. Uno a domicilio, no: para cuando se detecta, la comida está en una moto y el repartidor está llamando desde un portal que no encuentra.
Y son fallos pequeños los que lo provocan. Un número de portal que nadie preguntó. Un piso que se dio por supuesto. Una calle que se parece a otra del barrio de al lado. Un coste de envío que no se mencionó y que el cliente discute al recibir. Un pedido mínimo de zona del que nadie avisó.
Ninguno es difícil de evitar. Lo que los provoca es tomar el pedido con prisa, en hora punta, escribiendo en un chat mientras pasa otra cosa. Por eso este flujo tiene más pasos obligatorios que el de recogida, y ninguno se puede saltar por ir rápido — precisamente cuando más se quiere ir rápido es cuando más se cae uno.
Lo obligatorio
Calle, número, piso y las referencias que el cliente quiera dar. Preguntar el piso cuesta un mensaje; no preguntarlo cuesta diez minutos del repartidor en un portal.
Se comprueba contra la zona definida, no contra lo que recuerde quien atiende. Un pedido aceptado fuera de cobertura acaba en una llamada incómoda o en un reparto que no sale a cuenta.
Dicho al confirmar, no al llegar. Es la sorpresa que más discusiones genera en la puerta, y la más fácil de evitar: el importe sale de la zona o de los kilómetros configurados.
No vale la hora de la cocina: hay que contar lo que se tarda en llegar. Prometer treinta minutos porque suena bien es la forma más rápida de perder a un cliente que repetía.
Recogida o domicilio. De ahí depende todo lo demás, y preguntarlo al final obliga a rehacer media conversación para pedir la dirección.
Cada uno buscado en la carta real, con su tamaño, sus extras y sus notas. Si el nombre encaja con varios platos, se ofrecen las opciones en vez de elegir por parecido.
Completa, y contrastada con la zona de reparto. Si queda fuera, se dice ahora: aceptar y avisar después es peor que decir que no.
El importe del envío y, si esa zona tiene mínimo, avisarlo antes de seguir. Descubrirlo al cerrar tira una conversación de cinco minutos.
Líneas, dirección, total con envío incluido y hora aproximada. El cliente confirma y solo entonces se genera la comanda.
Entra en cocina marcada como reparto, con la dirección y la forma de pago, para que quien salga sepa a dónde va y si tiene que cobrar.
Vemos cómo tienes montada la cobertura y los costes de envío, que es de donde saldrían las respuestas en la conversación.
Conviene ser preciso aquí, porque «cobra por WhatsApp» se anuncia mucho y significa cosas distintas según quién lo diga.
En Pedi2 el pago no ocurre dentro de la conversación: se envía un enlace que abre la pasarela del propio restaurante, y el cliente paga ahí. La otra opción es pagar en la entrega, en efectivo o con tarjeta, según lo que el local ofrezca — y ese dato tiene que llegar a la comanda, porque quien sale con el pedido necesita saber si va a cobrar y cuánto.
Si alguien te ofrece «pagos dentro de WhatsApp», pregunta exactamente qué significa en tu país: la disponibilidad de los pagos nativos de WhatsApp varía por mercado y cambia con el tiempo. Un enlace a una pasarela funciona en todos, y es lo que hace Pedi2.
Ese último punto parece menor y no lo es. Cuando el cliente llama porque su pedido no llega, la conversación es muy distinta si se puede decir «el P2-4F19C0 salió hace diez minutos» que si hay que buscar en un chat cuál de los tres pedidos de esa calle era el suyo.
Si además atiendes pedidos para recoger, el flujo es distinto y más corto: pedidos para recoger por WhatsApp. Y para entender cómo llega todo eso a la cocina, de la conversación a la comanda.
Escenarios
El cuello de botella no es la cocina, es la moto. Con dos repartidores y quince pedidos en dos horas, lo que decide si el servicio sale bien es agrupar por zona y no prometer horas imposibles. Lo que un sistema aporta aquí es que cada pedido llegue con su dirección completa y su zona ya comprobada, para que quien organiza las salidas no tenga que descifrar nada. Lo que NO aporta es más manos: si no llegas, no llegas.
Aquí el chat y el teléfono son el único canal directo: no hay una sala donde el cliente pueda preguntar. Y suele ser el tipo de negocio que más depende de las plataformas de reparto, así que cada pedido que entra por su propio canal vale el doble. Lo relevante entonces no es solo tomarlo bien, es que quede registrado a nombre de un cliente con el que se pueda volver a hablar.
Cuando el reparto llega lejos, el coste del envío deja de ser un número fijo y pasa a depender de dónde viva el cliente. Ese cálculo hecho de memoria acaba en discusiones y en repartos que no salen a cuenta. Con zonas dibujadas o un precio por kilómetro, el importe se dice en la conversación y sale siempre igual, lo atienda quien lo atienda.
Contra la zona de reparto que el restaurante tenga definida: un polígono dibujado sobre el mapa, un radio en kilómetros desde el local, o una combinación con pedido mínimo por zona. Como el dato existe en el sistema, la respuesta no depende de que quien atiende conozca el barrio — que es lo que hoy hace que un empleado nuevo acepte pedidos que no se pueden servir.
Conviene precisar esto porque se anuncia con mucha alegría. En Pedi2 el cobro no ocurre dentro del chat: se envía un enlace de pago que abre la pasarela del propio restaurante, y el cliente paga ahí. También se puede dejar el pago para la entrega, en efectivo o con tarjeta, según lo que ofrezca el local. Lo que no hay es un pago dentro de la conversación de WhatsApp.
El pedido entra en el mismo circuito que los demás, así que sí: no hay un flujo aparte para lo que llega por WhatsApp. Pedi2 tiene su módulo de reparto con asignación de repartidor y seguimiento, y un pedido tomado por chat es un pedido más dentro de él.
Es el punto donde un sistema tiene que ser humilde. Puede pedir la dirección completa, insistir en el número y el piso, y comprobar si cae dentro de la zona; lo que no puede es adivinar cuál de dos calles parecidas quiso decir el cliente. Cuando algo no encaja, lo correcto es que la conversación pase a una persona antes de que el pedido salga por la puerta.
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